La materia prima utilizada para la producción de ladrillos es, por supuesto, la Arcilla; ella está formada sustancialmente de sílice, alúmina y agua, y cantidades variables de hierro y otros materiales alcalinos. Las partículas de materiales son capaces de absorber higroscópicamente hasta el 70% en peso de agua.
Debido a esa característica, la arcilla, que al estado seco se presenta con aspecto de tierra, cuando está hidratada adquiere la plasticidad necesaria para ser moldeada.
Durante la fase de endurecimiento (por secado o cocción), el material arcilloso adquiere características de notable solidez con una disminución de masa (de alrededor de 5% a 15%) en proporción a su plasticidad inicial.
